El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más
importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es
cuando adquiere sentido toda nuestra religión.
Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las
puertas del Cielo. En la Misa dominical recordamos de una manera especial esta
gran alegría. Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo
resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de la Ascensión, cuando
Jesús sube al Cielo.
La Resurrección de Jesús es un hecho histórico, cuyas pruebas
entre otras, son el sepulcro vacío y las numerosas apariciones de Jesucristo a
sus apóstoles.
Cuando celebramos la Resurrección de Cristo, estamos
celebrando también nuestra propia liberación. Celebramos la derrota del pecado
y de la muerte.
En la resurrección encontramos la clave de la esperanza
cristiana: si Jesús está vivo y está junto a nosotros, ¿qué podemos temer?,
¿qué nos puede preocupar?
Cualquier sufrimiento adquiere sentido con la Resurrección,
pues podemos estar seguros de que, después de una corta vida en la tierra, si
hemos sido fieles, llegaremos a una vida nueva y eterna, en la que gozaremos de
Dios para siempre.
La tradición de los “huevos de Pascua”
El origen de esta costumbre viene de los antiguos egipcios,
quienes acostumbraban regalarse en ocasiones especiales, huevos decorados por
ellos mismos. Los decoraban con pinturas que sacaban de las plantas y el mejor
regalo era el huevo que estuviera mejor pintado. Ellos los ponían como adornos
en sus casas.
Cuando Jesús se fue al cielo después de resucitar, los
primeros cristianos fijaron una época del año, la Cuaresma, cuarenta días antes
de la fiesta de Pascua, en la que todos los cristianos debían hacer sacrificios
para limpiar su alma. Uno de estos sacrificios era no comer huevo durante la Cuaresma.
Entonces, el día de Pascua, salían de sus casas con canastas de huevos para
regalar a los demás cristianos. Todos se ponían muy contentos, pues con los
huevos recordaban que estaban festejando la Pascua, la Resurrección de Jesús.
Uno de estos primeros cristianos, se acordó un día de Pascua,
de lo que hacían los egipcios y se le ocurrió pintar los huevos que iba a
regalar. A los demás cristianos les encantó la idea y la imitaron. Desde
entonces, se regalan huevos de colores en Pascua para recordar que Jesús
resucitó.
Poco a poco, otros cristianos tuvieron nuevas ideas, como
hacer huevos de chocolate y de dulce para regalar en Pascua. Son esos los que
regalamos hoy en día.

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